¿Podrá el Poker convertirse en deporte?
El vertiginoso ascenso en la popularidad del Poker es una tendencia que no deja de sorprender. La explosión del juego a nivel mundial hace pocos años, que por otra parte, no tardó en llegar a Latinoamérica (ver editorial “Nueva Liga Uruguaya de Poker”), se explica en gran parte por la irrupción de este juego de azar en las cadenas televisivas de USA y Europa en primer lugar, para luego extenderse alrededor del planeta. Pero, ¿es ésta la única explicación plausible de este fenómeno?
Una serie de investigadores en el tema señalan que en la actualidad, lo que sucede con el Poker es concomitante al renacer del clásico sueño americano. La posibilidad de hacerse de grandes cantidades de dinero jugando Poker, montos que pueden cambiar la vida de una persona en un abrir y cerrar de ojos, despierta los sueños de muchos. Además, este “sueño” ya no sólo queda enmarcado en USA o en Europa, sino que se ha extendido a todo el mundo. La posibilidad de ver por televisión cómo un novato es capaz de pasar de mendigo a millonario en sólo un torneo de Poker no deja de llamar la atención.
Esto es algo que dista de ser imposible; de hecho, en los últimos años ha sucedido en varias ocasiones. Uno de estos afortunados fue Chris Moneymaker, un jugador que saltó al estrellato en 2003, al llegar a la Serie Mundial de Poker (WSOP) tras haber quedado en el primer puesto de un torneo satélite clasificatorio en Internet. Moneymaker, contra todos los pronósticos, acabó llevándose el pozo mayor del principal torneo, unos 2 millones y medio de Dólares.
Lo cierto es que a pesar de la creciente popularidad del Poker, el juego aún dista de ser considerado un deporte. Esto es algo que no deja de incomodar a sus principales jugadores y promotores. A pesar del esfuerzo de las cadenas televisivas y representantes de la industria del juego por asociarlo a un estilo de vida exitoso, exclusivo y glamoroso; borrar los últimos vestigios que vinculan al Poker a actividades clandestinas y de dudosa reputación, aún cuesta.
Es probable que este factor influya al momento de que ciertas organizaciones internacionales rechacen la posibilidad de “elevar” al Poker a la categoría de deporte. El argumento más fuerte que tienen a favor los defensores del Poker es el hecho de que este juego, sobre todo en su modalidad Texas Hold’em, no es simplemente un juego de azar, sino que requiere un nivel de habilidad y destreza. Es cierto que hay una cuota de suerte envuelta en el juego, pero no se puede descartar su costado táctico y lógico, menos si se piensa en el juego a largo plazo.
Los fanáticos del Poker no considerarían leyendas a personajes como Doyle Brunson, una eminencia en el mundo del Poker, con dos títulos de la WSOP a cuestas y muchos otros galardones; o a Chris “Jesus” Ferguson, una de las figuras más importantes del juego (que cuenta nada menos que con un PHD en matemáticas), si no fuesen excelentes tácticos del Poker. Este último, se ha convertido en los últimos años en el principal estandarte en la campaña para oficializar al Poker como deporte.
Es fácil coincidir en que la difusión televisiva fue la principal responsable del nuevo auge del Poker. El verdadero boom se disparó en el año 2002, cuando se comenzó a utilizar nueva tecnología en cámaras para transmitir los juegos, y cuando irrumpe en las pantallas la Serie Mundial de Poker y el World Poker tour. No hay duda de que el Poker es un juego que envuelve la destreza tanto táctica como estratégica, además de requerir de habilidad para conocer y anticipar los movimientos del oponente. No se debe descartar que en un futuro a corto plazo, este juego suba un peldaño hacia la categoría de “deporte” reconocido oficialmente.
Autor: Staff Revista de Casinos |